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Disolver la realidad, coagular el futuro.
Manifiesto · Nace Alquimia

Disolver la realidad, coagular el futuro.


En 1852 nació La Camelia —la primera revista dirigida y escrita por mujeres en el suelo argentino— bajo una consigna innegociable: “Libertad, no licencia; orden, no servidumbre”. No pedían permiso; tomaban la palabra. Casi dos siglos después, recogemos esa lanza que fue arrojada hacia el futuro.

No nos interesa el relato tibio, el diario de quejas ni la infantilización del «just a girl». Reclamamos la altura del debate, el rigor del pensamiento y la potencia de la conciencia crítica. Somos mujeres profesionales, estudiantes universitarias, creadoras, artistas y pensadoras de cada rincón desde donde se gesta el conocimiento. Nos nucleamos para contar el mundo desde nuestros propios ojos, con el peso de la historia sobre la espalda y la mirada fija en lo que viene.

La planta del té

La Camellia Sinensis es la planta del té, y de ella aprendimos el oficio antiguo. Sabemos del valor del marchitamiento, la paciencia en la oxidación y la templanza ante el calor. Transformar las hojas crudas en sustancia viva requiere un trabajo manual, riguroso y devoto.

Eso es para nosotras la Alquimia: transmutar la realidad a través del conocimiento.

Entendemos que la creación verdadera exige la destrucción total de lo obsoleto. Buscamos disolver las estructuras obsoletas, las narrativas masticadas y la complacencia; coagulamos un pensamiento nuevo, sólido, filoso y perdurable.

El oficio humano

En un mundo hiperdigitalizado y automatizado, reivindicamos el oficio humano: esta revista está escrita, pensada y editada por mentes y manos humanas. No utilizamos inteligencia artificial. Creemos en la resistencia desde la conciencia viva y latente. Todo lo que editamos está atravesado por un análisis profundo. No somos cronistas de lo evidente; somos cirujanas de la realidad.

No nos interesan las noticias pasajeras ni el idealismo estéril que señala el problema sin proponer trincheras; la política nos atraviesa en todos los ejes. Buscamos analizar la realidad nacional e internacional con crudeza y pragmatismo, ofreciendo debates incómodos y construyendo pensamiento estratégico.

El arte será nuestro campo de batalla estético. Queremos darle voz y amplificación a la escena musical y contracultural de mujeres. El arte no es decorado; es un hecho político.

No vinimos a reaccionar a la agenda; vinimos a imponer. Queremos despertar el sentido crítico, elevar la vara del debate y demostrar que la intelectualidad femenina no es un accesorio, es soberanía.

El tres de copas

Entre 78 cartas, en la primera reunión de Alquimia el Tarot eligió para nuestro primer encuentro el tres de copas. El significante que nos bautizó fue el de la constitución del grupo mismo atravesado por la feminidad como festejo, lo femenino como una causa en sí misma, como una urgencia.

El arcano fue históricamente resignificado con el aquelarre de mujeres. Reuniones clandestinas donde se reunían por fuera de las instituciones que regulaban la palabra y el saber para configurar un deseo propio. Un saber que sea de ellas. Si el aquelarre fue durante siglos una figura temida por el poder, fue porque representaba precisamente lo que el tres de copas celebra: el encuentro, la alianza y la construcción del lazo entre mujeres. Mujeres que se encuentran, que comparten un saber, una celebración o un secreto. Allí donde la historia vio una amenaza, la simbología nos mostró una fiesta que engendrar.

La copa contiene y transmite lo que se termina concibiendo como valioso de ese encuentro. Si el aquelarre es un espacio de circulación de saberes, experiencias y palabras entre mujeres, las copas del Tarot parecen representar aquello que se pone en común. No es casual que las figuras no sostengan las copas para sí mismas, sino que las alcen hacia las otras.

Nosotras, reunidas por primera vez en un bar pausado de Buenos Aires, sostuvimos nuestras copas rebosantes de esperanza y ambición para fertilizar un espacio en común.

Lo que los antiguos (y no tan antiguos), desesperados en su temor disfrazado, denominaron brujas y hechiceras para silenciar ese encuentro, nosotras, lectoras y escritoras, alzamos nuestras copas y nuestras voces para aniquilar ese silencio, y encarnar nuestro ruido.

No somos espectadoras de la historia. Somos la materia que se disuelve y el fuego que vuelve a coagular el mundo.

Esto es Alquimia. Bienvenidas a la transmutación.

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