En 1852 nació La Camelia —la primera revista dirigida y escrita por mujeres en el suelo argentino— bajo una consigna innegociable: "Libertad, no licencia; orden, no servidumbre." No pedían permiso; tomaban la palabra. Casi dos siglos después, recogemos esa lanza que fue arrojada hacia el futuro.
No nos interesa el relato tibio ni la infantilización del «just a girl». Reclamamos la altura del debate, el rigor del pensamiento y la potencia de la conciencia crítica. Somos mujeres profesionales, estudiantes universitarias, creadoras, artistas y pensadoras. Nos nucleamos para contar el mundo desde nuestros propios ojos.
La Camellia Sinensis es la planta del té, y de ella aprendimos el oficio antiguo. Sabemos del valor del marchitamiento, la paciencia en la oxidación, la templanza ante el calor. Transmutar las hojas crudas en sustancia viva requiere un trabajo manual, riguroso y devoto. Eso es para nosotras la Alquimia.
Entendemos que la creación verdadera exige la destrucción total de lo obsoleto. Buscamos disolver las estructuras caducas, las narrativas masticadas y la complacencia; coagulamos un pensamiento nuevo, sólido, filoso y perdurable. El arte será nuestro campo de batalla estético.
Entre 78 cartas, el Tarot eligió para nuestro primer encuentro el tres de copas: la constitución del grupo atravesado por la feminidad como festejo, lo femenino como una causa en sí misma. Allí donde la historia vio una amenaza, la simbología nos mostró una fiesta que engendrar.
No somos espectadoras de la historia. Somos la materia que se disuelve y el fuego que vuelve a coagular el mundo. Bienvenidas a la transmutación.