ALQUIMIAel mundo desde la visión femeninaALQUIMIAel mundo desde la visión femeninaALQUIMIAel mundo desde la visión femeninaALQUIMIAel mundo desde la visión femenina
← Volver a AlquimiaAlquimia ★ revista
Usted es más protestante de lo que cree
Ensayo · Política

Usted es más protestante de lo que cree

por Candela Santiago
· 5 min de lectura
Compartir

A principios de este año –si la memoria no yerra– un personaje sumamente carismático irrumpió en el ágora virtual vociferando su pretensión de ocupar el sillón de Rivadavia. Una tempestad de comentarios buscaban descifrar el halo envoltorio de semejante profeta, conocido y desconocido a la vez: ¿quién es? ¿de dónde viene? ¿de qué nos habla? Entre sonrisas y ambigüedades, Dante Gebel –fundador de la River Church en California, autodenominado “conferencista, influencer, actor y conductor de televisión” en su perfil de X– reavivó la discusión que data del siglo XVI, cuando el movimiento de la Reforma Protestante divide al pensamiento político-religioso al interior del cristianismo.

Pese a que el furor fue apagándose con el correr de los días –como sucede con la mayoría de los fenómenos fruto de la hipervelocidad algorítmica–, lo verdaderamente importante permanece, aquello de lo que se nutre: su sustrato ético, una presencia latente que no solo se pone de manifiesto en formas explícitas, corpóreas (como en el caso de la pompa de Gebel), sino que resulta posible rastrearlo a nivel capilar, en –casi– cualquier esfera de la-vida-social-moderna. Es cuestión de entrenar el ojo y observar con cautela, diseccionar el todo y volver a armarlo: está en muchas de las burdas declaraciones del funcionariado actual (Jorge Macri, por ejemplo, renegando del abrigo y el plato de comida que ofrecen las iglesias porteñas en detrimento del ¿orden?), en varios agradecimientos de jugadores de fútbol durante el Mundial, en los discursos de los crypto-finance-5-AM-sort-of-incels-kind-of-boys, en la estética beige… la lista podría extenderse hasta el absurdo del infinito porque nadie –por más ateo que se considere– puede escaparle por completo.

Max Weber señala una dirección que el tiempo pareciera corroborar una y otra vez. Entre 1904 y 1905 publicó en la revista Archiv für Sozialwissenschaft und Sozialpolitik un par de ensayos que luego –en 1920– verían la luz de manera conjunta bajo el nombre de La ética protestante y el espíritu del capitalismo. Allí, sirviéndose del mecanismo metodológico de la Verstehen (o comprensivismo en criollo), busca dar cuenta de “(...) la influencia de ciertos ideales religiosos en la formación de una mentalidad económica, de un ethos económico, (...)” que insufla de vida al capitalismo moderno occidental, explicando el origen de su característica compulsión racionalizadora. El planteo resulta interesante y siempre innovador por el diferencial que aporta, por la eficiencia histórica que reconoce en la pregnancia de ciertos idearios, pues señala que los tres principales componentes que estilizan al tipo ideal ética protestante –la puntualidad, frugalidad y laboriosidad– son los que estructuran la conducta abnegada y estricta del homo economicus digno del espíritu del capitalismo. De esta manera, Weber logra delinear una de las posibles explicaciones detrás de las relaciones sociales racionales propias de la modernidad, es decir, aquellas signadas por el permanente cálculo entre medios y fines: la angustiante incertidumbre sembrada por el dogma protestante alrededor de la predestinación (la suerte del cielo o el infierno echada de una vez y para siempre) condujo a una cierta forma de valorar la labor, la vocación, en nombre de Dios. Retomando los escritos de Baxter, Weber cita en pos de ilustrar: “(...) el eterno reposo del santo está en la otra vida; pero aquí en la tierra, el hombre que quiera asegurarse de su estado de gracia tiene que realizar las obras del que lo ha enviado, mientras es día.” El resultado de tal modo-de-ser-en-el-mundo es indirectamente la acumulación de capital que, en consecuencia, estructura dicho sistema económico racional.

Naturalmente, a medida que El-Mundo fue avanzando en el progresivo rumbo secular, los rasgos religiosos –difundidos mediante los procesos de socialización– se fueron diluyendo hasta su impercepción. La prédica pastoral sobre la bienaventuranza hoy sentencia desde el púlpito: “remember that time is money”. Todos somos pastores y todos somos rebaño. Tic-tac. En el paraíso prometido va a haber lugar para lo-otro (el ocio, el disfrute, la sensualidad) pues “(...) Dios ayuda al que se ayuda a sí mismo”. ¿Acaso no resuena el ritmo de la época?

El chiste radica en dominar el compás, medirlo de lejos para no dejarse enredar las piernas cuando llega el turno de zapatear: ante la irresistible melodía que colma cada resquicio del existir cabe pedir el silencio, frenar la fiesta y prender la luz, acostumbrar la vista, descifrar las siluetas oscurecidas, borrosas de tanta velocidad. Max Weber lo hizo en su momento desde su lugar de cientista social, con el propósito de empoderar a la burguesía alemana en su lucha contra los improductivos resabios feudales; la esencia de su llamado de atención sigue vigente hoy por hoy: la realidad, por caótica que pueda parecer, se pliega al dictamen de valores que condicionan el accionar común y es deber del ciudadano cuestionarlos, palparlos en las distintas versiones que adopta la-relación-social. Así, nada acaba por ser sorprendente: ni el aterrizaje en son de paz del mega-pastor-empresario-ex-bonaerense-devenido-en-yanqui, ni los cientos de miles de personas que convoca con sus palabras.

“(...) quien desee sermones que vaya a los monasterios. No pensamos dedicar una sola palabra a discutir qué relación de valor existe entre las distintas culturas estudiadas de forma comparativa. Eso no quiere decir que el hombre que se ocupa de tales problemas, que marcan la trayectoria seguida por los destinos de la humanidad, se sienta indiferente y frío; pero hará bien, sin embargo, en guardarse sus pequeños comentarios personales como se los guarda cuando contempla el mar o la montaña, a no ser que se sienta dotado de formación artística o de don profético.”

(Max Weber, La ética protestante y el espíritu del capitalismo)

*Los fragmentos citados a lo largo del escrito pertenecen a La ética protestante y el espíritu del capitalismo, de Max Weber, en su edición hecha por Gradifco (2007). La única excepción es la frase “remember that time is money”, que fue extraída del texto de Benjamin Franklin, Advice to a Young Tradesman (1748).

Seguí leyendo

CompartirInstagramXWhatsApp